RELATOS DE MONTAÑA. De sueño a pesadilla
Vivir en un país tropical con nieve es un privilegio y lo es más, cuando tienes la oportunidad de vivir una nevada. Ese era mi sueño, como muchos venezolanos, tocar nieve, vivir una nevada.
Recuerdo que vivía en una zona popular en el sur de Valencia - Venezuela. De esas comunidades nacidas bajo la renta petrolera, conformada por personas venidas del campo en la búsqueda de una “mejor vida”. El nivel de violencia era elevado y las formas de diversión eran las convencionales. Pensar en hacer deporte, visitar o hacer una excursión a un espacio natural ni se pensaba.
Comencé mis travesías de paseos a la montaña, a raíz de una excursión a las montañas de Mérida – Venezuela, a través de la realización del VIII encuentro nacional de jóvenes en la montaña de 1998, en el parque nacional sierra de la Culata, en el segundo refugio, a 3500 msnm.
En los años siguientes, continúe visitando por mi cuenta a Mérida. En una primera oportunidad fui a San Rafael de Mucuchies. Allí pude conocer al señor Asunción Gil, padre de Isidro Gil, a quien apodan el cóndor del páramo. Sus hazañas como corredor de carreras de asfalto, maratones, carreras de montaña y aventura, dentro y fuera del país, dan cuenta de su trayectoria y su importancia para el deporte en Venezuela. Pues, es el primer venezolano en subirse a un podio en una carrera en Europa.
San Rafael de Mucuchies, aportó mucho en mi formación como montañista. Veía en Isidro y sus hermanos: Juan y Alfredo el ejemplo a seguir, quiero ser como ellos me decía a mi mismo. Si trabajo en la agricultura conseguiré “aumentar mi fortaleza física” y si practico su humildad, conseguiría “calidad humana”, así pensaba, entre frío y el aroma particular de los frailejones.
En San Rafael de Mucuchies, llegan deportistas de otras regiones del país a prepararse, a aprovechar las ventajas de entrenar en la altitud, con falta de oxígeno y con temperaturas bajo cero. Tuve la oportunidad de conocer al maratonista olímpico Rubén Maza. Hoy día asiste Joselym Brea corredora olímpica. La selección nacional de futbol “la vinotinto” cuando debe prepararse para un compromiso contra el equipo de futbol boliviano en La Paz, entrena allá.
Cuando
iba a entrenar durante el año, llegaba a San Rafael de Mucuchies. Planificaba
asistir en temporada seca, donde las probabilidades de lluvias fueran de poca a
nada. Pero siempre tenía la inquietud de realizar una travesía o ascenso de
montaña con una nevada. Quería saber si estaba preparado en condición física y
mental. Si el equipo que tenía era el adecuado, porque algunos eran de calidad
y marca reconocida, otros no, los improvisaba. Los obtenía con esfuerzo y
trabajo.
De este pueblo partían mis travesías y ascensos a los diferentes picos cercanos. Una de mis travesías favoritas era la de las lagunas. Es un circuito que te permite ir ascendiendo gradualmente hasta llegar al alto de los coloraditos a 4200 msnm aproximadamente. Pasando por el hatico, luego el valle del sai sai, visitando las lagunas del hoyo, la mucuy. Y desde lo alto, puedes visualizar la laguna de potrerito, las michuraos, las lagunas del royal, la laguna mano del tigre y la locha. En temporada de lluvias se ven muchas más.
El paisaje es espectacular, se pueden ver a lo lejos, las cúpulas del astrofísico o observatorio. Además de los espacios que son cultivados con los diferentes rubros como papa, zanahoria, ajo, brócoli, cebollín, entre otros. La vegetación autóctona predominante por los frailejones. Además de arbustos bastante conocidos, como lo son el chispeador y el borrachero. Se destaca el árbol de coloradito. Es el árbol que crece a mayor altitud. Es una especie vulnerable a la extinción por diferentes causas antrópicas.
Foto de Jairo Alvarado. Año 2009. PN Sierra Nevada En la foto al fondo Hernan Salas. Al inicio el señor Eduardo |
En el año 2010 recibí una invitación por parte de mi amigo merideño Luis Sánchez. Hoy día guía de montaña en el extranjero. Tenía planeado con sus amigos Cesar, Doris, Víctor y Manuel subir el segundo pico más alto de Venezuela en invernal, el pico Humboldt 4942 msnm. La fecha acordada era en octubre, el fin de semana antes al 12 de octubre. Pues se asumiría como fin de semana largo en el país. Manuel era del estado Sucre y yo de Carabobo, ambos éramos estudiantes. Podíamos disponer mejor del tiempo, necesitábamos por lo menos un día de traslado en transporte terrestre hasta la ciudad de Mérida.
Para ese año, mis condiciones físicas eran excelentes. Me la pasaba entrenando para carreras de asfalto. Hacia parte del club de corredores más grande de Venezuela “Carabobo Runners Club”.
Partimos en la mañana del día viernes, Luis, Víctor, Manuel y yo. Cesar y Doris iniciarían la caminata en la tarde noche, su horario de trabajo no les permitía salir antes. Nos registramos en el puesto de guarda parques, ubicado en la Mucuy alta del parque nacional Sierra Nevada.
Este primer día de travesía se realiza por selva nublada, hasta llegar a la laguna la Coromoto, a unos 3mil msnm aproximadamente. La misma está rodeada por una rica vegetación pre - páramo. Además en ella se pueden observar truchas y algunas aves. Para llegar debemos pasar por árboles caídos, cruzar la quebrada del oso, sortear deslizamientos de tierras e incluso el desbordamiento del rio por el sendero. El pozo del duende estaba rebosado y el área de campamento inundada.
Para evitar llevar exceso de peso y se mojaran las botas, recuerdo llevar unos short y unas sandalias marca timberland de cuero, las cuales eran muy resistentes. Los utilizaría por lo menos, los dos primeros días de ascenso, hasta la laguna verde.
Los
morrales iban llenos de los alimentos,
materiales y equipos. Todo iba en bolsas para evitar se mojara. Cada uno
llevaba sus crampones, piolet y equipos de protección personal. Llevábamos dos
carpas. A mí me correspondió llevar parte del equipo de uso colectivo, como las
cuerdas, las ollas y hornillas. También llevaba una filmadora, debía registrar aquel
sueño, que finalmente se iba a materializar. Con el ambiente lluvioso y húmedo
presente, poco la utilizaría.
Decidimos quedarnos en la cueva, ninguno conocía su ubicación, excepto yo. Del sitio de donde estábamos a la cueva, son unos 20 minutos, donde la tendencia es subida y la falta de oxígeno empieza a sentirse. En este trayecto vamos hablando de todo un poco, unos tenían cara de estar aguantando la risa por el comentario de Luis al decir “parece que estuviera cargando piedras”, refiriéndose al peso en su morral.
La cueva tiene capacidad para unas siete personas. Con tan solo colocar el aislante y el saco de dormir, es suficiente para tener un buen descanso, protegidos de la lluvia y el viento. Además evitamos que las carpas se mojen, en caso de lluvia o por el rocío de la neblina. Nos queda un día de travesía en ascenso hasta laguna la verde. Llevar la carpa mojada a este sitio seria tortuoso, por su peso y el frio que hace a 4mil de altitud.
Al llegar a la cueva, nos repartimos las tareas colectivas de buscar agua y preparar los alimentos. Mientras cada uno va sacando del morral y organizando sus cosas dentro de la cueva, una sonrisa cómplice les iluminaba el rostro, menos a Luis. Paso poco tiempo para que Luis encontrara aquella mala jugada de uno de sus compañeros y complicidad de otros. Todos rompieron a reír. Nadie sabía ni asumía la responsabilidad de tal acción, calificada sin duda alguna de “mala conducta”. Amaneció, y aún había risas y comentarios sobre las piedras en el morral.
Doris y Cesar, llegaron a mitad de la noche dando gritos, no sabían dónde quedaba la cueva. Venían mojados por la lluvia. Les preparamos un té caliente y algún alimento para comer. Nos comentan sobre el retraso de su traslado hasta el puesto de guarda parques y las dos horas de lluvias durante la caminata nocturna realizada.
El
segundo día de caminata fue de lluvias intermitentes. Teníamos como objetivo
llegar hasta la laguna verde, sitio donde mayormente se realiza el campamento
base para ir al pico Humboldt. Para llegar allí pasamos por diferentes y
particulares pasos. Algunos con historias o anécdotas que comentar. De la laguna la Coromoto a Laguna Verde hay
1000 metros de desnivel aproximadamente.
Nos encontramos con varios derrubios. Además de un sitio llamado puente quemado, el cual es una tabla colocada sobre unas cabillas ancladas a la roca. Donde recordé un accidente fatal sucedido décadas atrás. Un turista llevaba el piolet en la mano, al estar pasando giro para tomar una fotografía y el morral golpeo la roca, sacándolo del sitio, cayendo y terminando con el piolet incrustado en la cabeza.
El paso del diablo es otro de los obstáculos a enfrentar, donde debíamos colocar una cuerda como pasamanos. Y por último, otro cruce de río, para llegar al área de campamento. Eran las 6pm cuando estábamos cruzando, llevar short y sandalias, me daban mayor libertad de movilidad y me correspondió colocarme a la mitad del rio para ayudar a mis compañeros.
Foto de Jairo Alvarado. Octubre de 2010. Victor. |
Antes de acostarnos, organizamos los morrales de ataque, materiales, equipos y alimentos. Colocamos la alarma del reloj y nos acostamos con la ropa puesta, como si fuéramos a salir en ese momento a realizar el ascenso.
El día del ascenso.
Eran las 4am cuando sonó la alarma. La temperatura estaba en 0°, se sentía agujas en los huesos. Hicimos un té caliente. Fuimos al baño y ordenamos el campamento. Esta vez llevaría la filmadora, debía buscar la forma y ocasiones para sacarla. Concentramos los alimentos en una bolsa y los dejamos colgados en un árbol de coloradito. Ya había antecedentes de perros salvajes y vacas, rompiendo las carpas y llevándose la comida.
Iniciado el ascenso a las 5am, el cielo estaba semi nublado, permitiendo a veces el paso de los rayos de la luna. Íbamos lento, Manuel no había aclimatado bien y llego a vomitar en varias oportunidades. A las 7am mientras desayunábamos terminando de subir, aquella pendiente llamada “el lomo del perro”, decide regresar al campamento.
En una parte del camino había un lugar donde debíamos trepar por rocas. Era un tramo corto y siempre había donde sujetarse, pero si estaba vertical.
Casi a las 10am entramos al glaciar. Estaba cumpliendo mi sueño. Caminar por nieve dentro de mi país, con los equipos adecuados y con personas con experiencia. Hicimos una cordada de cinco, a 5 metros de distancia entre personas. Cesar iba adelante, atrás Doris, luego Luis, yo y Víctor. Cada quien con su piolet de marcha.
Tenía miedo, recordaba el accidente ocurrido allí en el año 2000, a integrantes del Grupo de Rescate Enrique Bourgoing, durante su entrenamiento y celebración aniversario de dicha organización. Para este tiempo estaba en una travesía de montaña al Tisure y al salir al sector de la Mucuchache, nos enteramos de tal accidente. Eran días de intensas lluvias y el glaciar había acumulado mucha nieve. Al parecer se movió y una buena masa de nieve se les vino encima, tapando a cinco de los seis rescatistas.
Continuaba avanzando, daba pasos y a veces me hundía, llegando la nieve hasta más arriba de mi rodilla. Sacaba la pierna y continuaba. La falta de oxígeno y la adrenalina hacían su trabajo, agitando mi respiración y acelerando mi corazón. Llevaba la filmadora colgada en mi cuerpo. Logré hacer algunos videos y fotografías durante nuestro recorrido por el glaciar.
El cielo ya se había nublado por completo. A las 12:30 pm, hicimos cumbre. Hicimos el respectivo ritual, gritando, abrazándonos y algunas lágrimas se asomaron. Estaba viviendo cada paso dado. De repente se escucha un trueno muy cerca. El viento empieza a soplar muy fuerte, la nieve cae y todo se cubre de blanco. Estábamos en un cuarto blanco. Con la experiencia y buena orientación de Cesar logramos salir rápido del glaciar.
El viento no tenía dirección, corría a todos lados. Las rocas grises pasaron a ser de color blanco. Me tocaba vivir una nevada, como siempre lo había soñado. Avanzábamos despacio con los crampones y donde debía sentarme para pasar algún tramo lo hacía, no quería caerme.
Llegamos
a un borde, yo no veía por donde bajar. Todo estaba blanco de nieve. Cesar dice
que es el pedazo que nos tocó trepar. Debíamos hacer rappel para bajar seguros
de aquel tramo. Llevamos un cordino dispuesto para ser abandonado en una
ocasión de este tipo. Yo era el más experimentado con el manejo de cuerdas, y
me correspondió realizar el anclaje. El viento seguía soplando y la nieve
cayendo.
Me despojo de los guantes para “hacer los nudos mejor”. Busco una roca grande para abrazar con el cordino y realizo un nudo pescador para unirlo. Anclo la cuerda y me dispongo a bajar y probar que lo que había hecho estaba bien. El miedo siempre estuvo presente. El rappel y las prácticas de técnicas de cuerdas en la antigua fábrica de cemento, en el sector las chimeneas de Valencia, Carabobo habían rendido sus frutos.
Ya habiendo descendido, la adrenalina bajado, las manos se me empiezan a entumecer, y a tornar moradas, como ciruelas. Busco mis guantes y solo consigo uno. El otro lo había dejado arriba. Estaba desesperado, los demás compañeros tardaban en bajar y debía quedarme a hacer seguridad por lo menos hasta que bajara uno. El viento no paraba, seguía soplando y la nieve cayendo copiosamente. Mi sueño se había convertido en pesadilla. No veía el momento de despertar.
Tremenda Narrativa y experiencia en el Humboldt,sobre todo ahora cobra más valor ,ya que literalmente desapareció el Único glaciar que quedaba en Venezuela y Ustedes tuvieron la dicha de verlo,tocarlo y estar allí ,motivo de gran logro y Sempiterna recordación.De verdad envidiable.Momentos cómo esos son los que llenan tanto la vida.Viendo el video parecía que también estaba allí.Una joya de experiencia.Felicitaciones!!.Esperemos que cuando tenga el tiempo suficiente también podamos contar con una narrativa y video de la incursión de Montañismo Ecológico y los Víctor al ² en su ascenso al Pico Bolívar.Saludos Jairo.
ResponderEliminarSaludos Victor. Escribí uno donde ustedes son personajes secundarios. Próximamente lo estaré publicando... Tengo pendiente escribir sobre la experiencia vivida con ustedes. Subir al Pico Bolivar fue una de las varias actividades que compartimos.
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